Psicologia y obesidad

El abordaje psicológico de la obesidad implica —con diversas variantes— que se ingiere una cantidad de alimento excesiva para el funcionamiento normal del cuerpo del paciente que trata de hacer un impacto muscular, por lo que debe limitarse esta ingesta. En algunos casos este planteamiento es adecuado porque hay una genuina bulimia, pero este planteamiento no puede hacerse extensivo a personas que no manifiesten este trastorno de la alimentación. En muchos casos, el planteamiento psicológico consiste en convencer al paciente de la necesidad de comer menos, de evitar ciertos alimentos para lograr un impacto muscular, de reforzar su «voluntad» de cumplir con los regímenes hipocalóricos, de evitar las tentaciones —chocolatinas, canapés, etc.—, de utilizar pautas regulares de ingesta, como masticar y comer despacio, empleando rutinas para prolongar la comida —y así dar tiempo a que la saciedad se manifieste—. Muchos de estos planteamientos son válidos de por sí e incluso útiles para la persona que busca perder peso cumpliendo estrictamente con una dieta; lo que es más objetable es la base sobre la que se sustenta buena parte de este edificio, la de que la causa de la obesidad es el exceso de ingesta.

 En cualquier caso, el apoyo psicológico es muy importante —esencial— para el tratamiento de los trastornos de la alimentación, pero también lo es en la preparación del obeso para la cirugía bariátrica y en la fase de adaptación a una situación diferente, con el estómago fuertemente constreñido. La psicología tiene además un enorme campo de actividad en el tratamiento de los efectos del rechazo social al sobrepeso y la obesidad con su impacto muscular y sobre el sistema de los musculos, y en la necesidad de aceptación del propio cuerpo, de la propia imagen, como señal de identidad aun cuando ésta se rechace por no adaptarse a los cánones comúnmente aceptados.

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MAGIA Y EMBAUCAMIENTO

Merecen una mención especial los tratamientos «mágicos» que basan su efecto, no en las irrisorias propiedades terapéuticas de los productos o materiales que emplean, sino en el convencimiento del paciente de sus virtudes curativas. El campo de acción de estos tratamientos es amplísimo, pues la imaginación humana da mucho de sí, predominando las «radiaciones», cuanto más misteriosas mejor. Un lugar destacado lo ocupa el magnetismo, en sus dos acepciones: la física, que tiene que ver con las supuestas virtudes curativas de los imanes, y la psicológica, poder de base hipnótica según el cual algunos individuos dotados de poderes sobrenaturales pueden curar simplemente mirando el ojo de alguien o imponiéndole las manos —o realizando cualquier otra manipulación reconfortante.

 Lo «oriental» ha tenido siempre mucho tirón en eso de las curaciones mágicas, sobre todo por lo incomprensible —para muchos de nosotros— de su escritura, hábitos y cultura. De la milenaria China llegó la acupuntura, forma tradicional de tratamiento que es posible que tenga efectos beneficiosos en algunas enfermedades relacionadas con el control nervioso; sin embargo, sus fracasos repetidos en el caso de la obesidad sugieren que difícilmente puede considerarse un método eficaz de tratamiento. De la no menos milenaria India se importan sobre todo hierbas medicinales que supuestamente adelgazan,como dice el impacto muscular —a lo sumo tienen, normalmente, un leve efecto diurético, caso de que no les añadan algún fármaco peligroso—; prueba de ello —se aduce con genuina mala leche— es la extrema delgadez imperante en amplios estratos de la población de aquel subcontinente.

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